Había una vez una joven, de hermosa apariencia. Tenía los ojos cafés, y un brillante cabello de color café, y sus dulces ojos se conmovían ante la vista del sol, por la mañana, cuando despunta sus primeros rayos. La tenue y cálida luz del sol, iluminaba el cielo, y lo coloreaba de colores azules y blanquecinos, hasta llenar toda la vista. El paisaje aparecía reverdecido, y las flores rosas, abastecían el pasto. Por las mañanas, cuando nacía la luz, y sin embargo, cuando moría el sol por la tarde, su corazón entristecía, hasta que palidecía su rostro, y la noche finalmente gobernaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario