miércoles, 28 de septiembre de 2016

Thoughts 2

Mnuen recogió los platos una vez que terminaron de comer y los devolvió a la cocina donde los depositó sobre el lavaplatos. Se quedó quieta, muy seria, pensando en algo y después se volvió a sentar en el comedor.
Tiene tiempo desde que te marchaste...
Con este clima y el cambio de dimensiones, ya no sé cuanto tiempo haya pasado desde la última vez que vine.
Sí, es verdad.
Deberías llevarte un reloj o algo. O inventar algo para medir el tiempo ahí.
Jaime la miró por un lapso de un segundo y respondió:
Sí, allá a dónde voy, hay una mujer que se encarga de esas cosas. O al menos comparte contigo todas esas ideas. La verdad es que me sería muy útil medir el tiempo o tener la noción del mismo con ayuda de algún aparatito.
Yo podría ocuparme de algo... Pero, me temo, que no me he puesto a cavilar esas ideas o construcciones desde tiempo atrás...
Eso me imaginé. Aunque podría mantenerte ocupada - Sorbió un trago de té.
Allá a donde vas - dijo, mientras posaba sus hermosos e interesados ojos cafés - deben haber toda clase de personas con máquinas y aparatos y planos y todas esas cosas.
Algo así y no.
¿Porqué?
Porque la gente llega con planos y máquinas, pero no son todas. Hay muchas personas. La primera impresión que tuve fue de lo mas agradable. Conocí a otros viajeros como yo, pero ellos se decantaron por otros temas. Quizás, la persona mas interesante que he conocido ha sido John Dalton, Meni.
Ah, Dalton... - Mnuen se incorporó sobre la silla y tensó su cuerpo con nerviosismo.
¿Qué pasa? - Dijo un Jaime casi inexpresivo - Parece como si estuvieras temblando.

Mnuen arqueó la ceja, frunció el seño y colocó con severidad sus manos sobre sus muslos.
Continúa...
Es solo que el nombre Dalton tiende a ponerme de mal humor.
Ah, no sabía que fueras tan sensible ante su sola mención.
Debo mencionarte - colocó dos cucharadas de azúcar - que Meni es muy interesante. Es un hombre ameno, misterioso pero fácil de tratar. Tiene muchos manuscritos, pergaminos e ideas para platicar.
La mayor parte de el tiempo la pasa solo o en compañía de otros viajeros como nosotros.
O como yo, ahora que te has quedado en casa.
Sí...
Es solo que me molesta el tipo en cuestión.
¿Ya lo conocías?
Ya te había dicho que sí...
Ah, es verdad... Creo que lo olvidé, con tanto viaje - emitió una risita burlona - Ah, el buen Dalton. El día que quieras acompañarme, te lo presentaré de nuevo.
No creo que eso pase en un rato.
Comprendo... No te cae muy bien el tipo, ¿verdad? Con lo divertidas que son sus pláticas.
Sí, por eso.
¿Cómo?
Por lo divertidas... ¡Es comiquísimo el muchacho!
Oh, vaya, te has enfadado... Pero bueno, con tu seriedad, no creo que sus ocurrencias duren demasiado y en todo caso no ha salido con ningún chiste por el momento. Todo lo contrario, es el ejemplo vivo de la decencia y de la pulcritud moral y espiritual.
Difícil de creer.
¡Y me creerás! Pero ¡que poca fé le tienes al hombre! Ya lo verás por ti misma.
No me falta fé, es experiencia, estadística y un estudio exacerbado de su personalidad...
Bueno, bueno... Te creo a ti - besó su frente - ¿Cómo no habría de creerte? Cambiando de tema o regresando al punto de partida inicial Meni contiene estos papeles... ¿Cómo llamarles? ¿Pergaminos?
Bueno, esos condenados pergaminos con toda clase de leyes y metafísica y patafísica y esas cosas que tanto te gustan.
Ajám
Pues sí, indagamos en todas esas cosas, de índole filosófica.
Me alegro que así sea... Aunque, retomando el tema, algún aparato para medir el tiempo te serviría para no llegar tarde a la hora de la comida, o al menos tener un registro de cuándo vendrás.
Las clases van bien, los niños se muestras satisfechos y eficientes.
Solo lamento encontrarme sola las tardes en la casa, pero me la he llevado bien. Podría decirse que no he tenido cambios ni alteraciones en mis horarios, ni en mi modo de vida.
Comprendo, como esperaba de ti.
Sí... Pero el reloj...
Pero el reloj nada, ya sabrás tú como ayudarme con esa cuestión, del tiempo. Temporal, vaya...
Me duele la cabeza, disculpa que te hable así, Mnuen querida. Tanto viaje me ha terminado cansando.
He estado zangoloteando de aquí a allá.
Tienes la cama preparada... Acuéstate y descansa. Estaré leyendo en mi cuarto, por si necesitas algo, solo toca la puerta y te daré lo que te haga falta.
Bien... Gracias, querida, gracias. Te cubriré de besos.

Y le cubrió de besos la frente.

¿Qué le habrá contado el pervertido de Dalton? Y miró de reojo el cajón donde había guardado todas las cartas y declaraciones apasionadas y de amor de Daltón para ella.
Todos los meses, sin falta, recibo una, pensó para sí misma... Pero nunca viene a visitarme y la última vez que vino me dijo una sarta de tonterías y boberías subidas de tono.
La cuestión era que Mnuen y Dalton tenían un romance desde el principio de los tiempos. Y desde el principio ella se había mantenida un tanto alejada de el, pero no demasiado pues el siempre procuraba mantenerla cerca.
... Cerca de mi corazón ... El problema era básicamente que Dalton había hecho algo que la había ofendido soberanamente y desde entonces se mantenían alejados, Dalton viajando y encontrando el sentido del Universo por ahí y Mnuen en su casa dedicada a la docencia. Como vivía con Jaime en santa compañía, Dalton no se desquiciaba tanto como si hubiera contraído matrimonio con algún conde u hombre de sociedad. Pero esa unión, ese compañerismo le beneficiaba de cierta manera, pues no estaba del todo sola y al hacerse amigo de Jaime, podía preguntarle detalladamente sobre su estado personal.
Eso y también hacerse de algún amigo que viviera cerca de ellos para pasarle las cartas mensuales. Cosa que no hacía con Jaime, pues desconfiaba de su discreción y era muy probable que abriera los sobres y leyera todas esas cosas privadas entre los dos.
Las declaraciones de amor de Dalton, eran cosa conocida por ella, pero no daba el brazo a torcer.
Lo último que le había dicho era tan dado a el contenido de adultos que no se aguantó las ganas de abofetearle el rostro.
Dalton no pudo contener la risa y prometió visitarla nuevamente. Cuando su temperamento estuviera mas sereno y no tan enojón.

Toughts

¿Cómo está Merlin?
¿Quién?
Antoine me miró de reojo.
¡Ah, Irving!
Desireé no me ha hablado demasiado sobre el, creo que está mas preocupada por otros temas que por Irving en sí. El se encuentra bien. No sé cuanto tiempo pasen juntos, pero sí creo que ha sido bastante aunque no lo suficiente como para ser algo exagerado.
El tipo en cuestión ha influido en ella positivamente.
Me he dado cuenta...
No pensé que llegaras a ser tan posesivo con ella.
Solamente me preocupo por su bienestar.
Si fuera por ti estaría encerrada en un convento o la mantendrías ocupada en un internado...
Lo he pensado. No estaría de más...
No pude evitar soltar una carcajada.
Deja a la mujer en paz, no creo que haga algo descabellado. Al menos no por ahora...
Le sonreí picaramente, para sudgerirle su temperamento tan osado y arriesgado en ocasiones.
Esperé por un espacio de segundo y de silencio una reacción y Antoine no pudo evitar mirarme aterrorizado de la posibilidad de rebeldía de Desireé.
Con ella nunca sabes Antoine... ¡Bah!... La dama en cuestión no hará nada mientras le escribas. En cuanto le diga que te has preocupado por ella seguramente se le bajarán y cederá todos esos impetus.
¡Se pondrá tan feliz! Y dirá: ¡Antoine me ha escrito, se ha preocupado por mí! y se olvidará en una patada de Merlín, el Rey Arturo y toda su corte.
De todos modos quiénes somos nosotros para impedirle que se divierta un poco en nuestra ausencia.
Un poco, no que tire la casa por la ventana...
Calma muchacho. No hará nada así.


Era una tarde lluviosa, Jaime se internó en la ciudad. Habían charcos de agua por todas partes que parecían ser fozas de agua dónde al pisar podrías llegar a hundirte. El cielo estaba nublado y se escuchaba el tronar de los relámpagos en el cielo o la electricidad sobre las nubes.
En otro tiempo, Jaime hubiera pensado que era algo delicioso y se hubiera detenido a admirar la lluvia desde su recámara, tendido sobre su cama y admirando el agua cayendo a raudales desde su ventana. Pero hoy no era ese día y tenía prisa, mucha prisa por llegar a casa. Abrir la puerta de su casa y echarse a dormir.
La lluvia comenzó temprano ése día, comenzó a las 4 de la tarde y a las 5:36 ya se había empapado todo y la lluvia caía sin cesar.
Logró esquivar con la ayuda de paraguas toda el agua que pudo, pero al final acabó tan húmedo como si no hubiera llevado sombrilla. Excepto por el hecho de que la llevaba y hubiera terminado con fiebre en su alcoba. Olió su ropa y olía a humedad. Ni siquiera la colonia pudo evitar el olor a humedad, pero con suerte la humedad se disiparía o evaporaría con el aire caliente.
Cuando logró abrir la puerta de su casa ya habían dado las 6 y agradeció que ese día se encontrara Mnuen por ahí.
Mnuen era muy hermosa. Pero no lo suficiente como para atraer su atención. El siempre lamentó éste hecho.
Su completo desapego a la figura femenina de la casa lo atormentaba.
Mnuen soltó su cabellera castaña, tenía un aspecto majestuoso ese día. Había estado leyendo un libro sobre las disputas de los ingleses y los franceses y su estancia en su "Inglaterra" privada la había enseñado lo suficiente sobre los valores de la Revolución y la Reina Virgen.
Las guerras santas eran todo un tema que había explorado con sus jóvenes pupilos.
Mantenía siempre la casa limpia, los libros en su lugar y la habitación de Jaime siempre en orden.
Ya se había acostumbrado a su ausencia y a su poca atención en su cartas.
Había preparado la comida ese día, para dos personas, como acostumbraba a hacerlo siempre. A pesar de que el nunca estuviera ahí. Ocurrió que ese día Jaime fue a dar a la casa de imprevisto y encontró, como esperaba, la comida servida.
Mnuen lo recibió con una sonrisa moderada y sirvió la comida en la mesa.
Poco antes de su partida habían contratado una cocinera y una sirvienta, pero como faltaba el dinero, decidieron despedirlas y Mnuen se hacía cargo de estas labores.
También era el temor de que alguien se hiciera con la posesión de algún libro o algún objeto de valor.
Mnuen le hizo notar este aspecto y Jaime no hizo otra cosa que sonreír y comentar que contaba con mucha suerte al tenerla ahí para el.
Mnuen se alegró de sentirse valorada, de ser útil de alguna manera.
De todos modos si su labor como institutriz le quitaban mucho tiempo, era muy probable que contrataran a alguien nuevamente, para que ella pudiera concentrarse en su trabajo.
Jaime no hizo objeción alguna y consintió sus decisiones. De todos modos, quién era el para negarle algo a una mujer como ella que no pedía mucho a cambio de su presencia.




martes, 27 de septiembre de 2016

Escritos

Freud debió haber sido un asiduo escritor de cartas...
Comparando el correo con el psicoanálisis y la terapia.
Estos últimos días han sido quizás algo funestos. Antoine parece muy preocupado por la visita de Irving y aún mas por la correspondencia de Desireé con la Sra Pendleton. No sé de dónde se ha sacado las cartas de Desireé, pero parece estar muy al pendiente de su correspondencia. 
En sí no hay mucha novedad en sus actos, salvo la noticia de que piensa convertir nuestro jardín británico y a lo Versalles en algo oriental. 

No sé que le ha dado por la cultura japonesa - me ha dicho Antoine con cierta rigidez en su voz.

Yo por otro lado, considero las extravagancias de Desireé algo muy remarcado en su carácter.

Creo que ha estado triste estos días... Y se le ocurrió esa idea. Aunque sospecho que ya lo venía planeando desde antes - le respondí.

En sí, desde mucho, mucho tiempo atrás, si nos remontamos a nuestra infancia cuando se obsesionó con la idea de tener ranas y tortugas. 

- Es el concepto de el estanque, lo que ella quiere -
- El estanque y después un puente y luego no se qué... ¡Cuándo menos lo esperes habrán sombrillas por todas partes y músicos con sus mandolinas!
- Cimitarras -
- ¡Cierto, Buda! Y se habrá unido a algún grupo de meditación o a alguna causa oriental y se irá muy lejos, quizás al Tibet o al Himalaya en busca de el sentido de su vida -
- ¿Tal cual lo hacemos nosotros ahora? O bien, tú... Recuerda que yo únicamente vine motivado por tu huída de nuestro Jardín -
- ¡Oh, por todos los Cielos! ¡Qué idea o ideas estrafalarias no se le habrá metido ahora! Y tú sabes que ella siempre es impredecible. Nunca sabes lo que pasará mañana -
- Siempre lo he tenido en cuenta.
Aunque considerando nuestro carácter tampoco habríamos de preocuparnos sobre qué pasará mañana o el día después de mañana -
- Sabes que no puedo vivír así, sin un plan. ¡Y todas esas cartas me están desquiciando! -
- A todo esto, 
¿cómo es posible que tengas un registro exhaustivo y completo de toda su correspondencia? -

Por supuesto no hubo respuesta.
Creo que en realidad, el desquiciado soy yo. Ése hombrecillo ahora bronceado, de hombros fuertes y cuerpo delgado, altísimo parece estar bastante abatido por las letras de nuestra querida amiga y el objeto de mis desvelos. Sin embargo, me conservo en pie. Conociendo a Desireé, ambos sabemos que no hay palabras que logren hacerla desistir de lo que se propone, salvo, por supuesto los consejos de madurez de Antoine. Al menos, por un tiempo o hasta que se concentre en alguna otra idea nueva.


Querido Alexander:

Hoy me encuentro mejor que ayer, pero no tan recompuesta. 
He estado examinando los cuadros en la casa y me he dado por la pintura de nuevo. Quizás te preguntes por mi inmersión actual en algo en lo que siempre me he encontrado, pero que había descuidado un poco dadas mis ocupaciones actuales. Dada nuestra situación actual, en nuestra casa de campo, ¿qué podríamos pensar nosotros sobre el espectro mexicano? He encontrado una noticia en el periódico que habla sobre las diferencias sobre Frida Kahlo y Carrington. 
Ambas pintoras conservan un apellido no muy mexicano, pero ambas lo son. La diferencia según la nota, recae en que una tiene una influencia notable en el territorio europeo. Me refiero a Carrington, por supuesto. Y la otra, Frida, muestra un claro interés en el aspecto indígena mexicano y se concentra en ello. 

Al encontrar tantos cuadros de Diego Rivera, en la casa de mi abuelo, no puedo quejarme de ellos. Aunque concentrándome en la mujer independiente y moderna que puedo llegar a ser, Carrington parece ser el modelo a seguir, mas viable. Eso y sus delicados trazos o monigotes.

En el ajedrez voy mejorando. 
Me he puesto a jugar una que otra partida y estoy pensando en qué ropa sería adecuada para practicar un deporte.
Los collares son algo muy importante, las pulseras y los aretes también. Espero que la temporada de sombreros continúen. Pienso comprar un sombrero grande y largo con alguna perla o una pluma que le adorne. No sé si una cinta sea suficiente. Ojalá me recuerdes en aquella época cuando los usaba con regularidad. 
No olvides comprar alguna joya en su viaje. Es de suma importancia.

Besos, muy ocupada,
Desireé

P.D. Si escribí algo fuera de lugar, deberás corregirme. 
 

Letters...3

Querido Alexander:

Hoy me siento particularmente triste.
No he querido bajar a recibir a los niños Amadeus y el auto proclamado español. ¿Cuántos son? Ya perdí la cuenta de cuantos jóvenes muchachos han venido a la casa de campo: the cottage.
Creo que no me había sentado a resumir la historia, el espacio de mi vida hasta ayer y el día de hoy ha amanecido nublado. ¿Es normal que conserve este tipo de sensaciones?

Y... ¿desde cuando no me he sentado a sentirme mal, pesimista sin ponerme a llorar?
Así me siento hoy, especialmente melancólica, especialmente triste, especialmente mal.
Creo que no me sentía tan mal desde que Antoine se fué de el país a estudiar en otra parte y yo me quedé esperándole o con la vana ilusión de viajar hasta dónde el está, como un personaje de alguna novela rosa para jóvenes mujeres y sus jóvenes e ilusionados corazones.
Sus tiernos corazones, tan vulnerables.

Hoy me detengo en mi habitación y en vez de admirar la maravilla de las mariposas en las flores o los pájaros sobre las copas de los árboles, me he concentrado en la horrenda vista de una mosca sobre un plato de plástico. Lo que ha provocado mi tristeza actual.

¿Era habitual este estado de ánimo en mi?

Desconozco en que se encuentre Irving actualmente... No he querido recibir a nadie el día de hoy.
Creo que comprenderás mi situación y creo que ellos no se molestarán conmigo, al menos no demasiado.

¿Es ésta la Desireé habitual o tendré que conservar mi alegría cotidiana?
¡Lamento tanto no poder hacer el papel de la dama de el entretenimiento el día de hoy!

Creo que he regresado a mis emociones pasadas.

Besos, emocionadísima,
Desireé

P.D. Mándale muchos más a Antoine y dile que lo espero ansiosa.

martes, 20 de septiembre de 2016

Bailando, Uhu

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jueves, 15 de septiembre de 2016

Letters 5

Desireé:

Muy querida Desireé, he leído tus cartas.
Primero que nada debo agradecerte la molestia que te has tomado en escribirme con detalle todos los acontecimientos dada nuestra ausencia en la casa de campo. Nos hemos instalado en dos posadas por el momento y nos han recibido muy bien. Las personas son agradables y amables. No hemos tenido ningún inconveniente en comunicarnos con ellos, a pesar de las dificultades generales de el lenguaje.
En palabras de Alexander, con tantas lenguas diversas se podría llamar a este lugar como la Torre de Babel, exagerando el porcentaje de extranjeros.
Me he dedicado al deporte de la certreria y se me da bastante bien.
Alexander se ha dedicado a visitar los centros espirituales cercanos. Muchos de nuestros amigos, se ofenderían de sus apetencias árabes y de su diversidad religiosa.
Nos hospedamos los dos, pero nos hicieron saber que Meni (John Dalton) se encontraba en la ciudad y que nos visitaría pronto.
No he tenido tiempo suficiente como para investigar sobre lo que nos ha hablado.
Alexander me cuenta que te has mantenido ocupada con las visitas. Me alegra saber que estás libre de la visita de el protestante. Aunque me preocupa un poco el hecho de que te hagas cargo de un adolescente. Solo espero que no te este dando problemas con las inquietudes propias de su edad.
También me han dicho que ha venido Irving a la casa de campo. Irving el muchacho de el chiste de el meridiano de Greenwich, que tanto me hablaron tú y Alexander.
Es un buen muchacho, no creo que sea un inconveniente su visita y quizás el sea el mas indicado en tratar a Amadeus.

Alexander y yo hemos pensado en comprarte todos los vestidos que has imaginado. Hasta el momento llevamos una mascada y algo de seda.
Espero pronto visitarte de vuelta, cuando hayamos terminado nuestra excursión.
Alexander se ha portado muy bien, haciéndose cargo de mí. Tiene ese carácter tan suyo, pero es sin duda un buen amigo.

Se despide de tí, cariñosamente,
Antoine

Letters 4

Deer Alexander:

He leído esto: "...al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor"
Nuevamente Antoine Saint Exupery hace de las suyas. 
¿Crees que sea cierto esta frase de su autoría? He pasado el día repasando todos los muchachos que han venido a visitarnos a la casa de Campo y me ha devastado totalmente. 
También he pensado sobre Antoine. ¿Crees que exista alguna joven de la que jamás nos haya hablado, que haya sido su primer amor? 
Saint Exupery dice que no es necesario ser el primero, siempre y cuando seas bien tratado.

Quedé consternadísima.

Besos, muy pensativa,
Desireé

P.D. Me urge me respondas lo mas pronto posible.


Querida Desireé:

Apenas hoy recibí tu carta y en cuanto la abrí decidí responderte lo mas pronto posible pues debes encontrarte en aprietos mentales. Sin mencionar los filosóficos.

No, no sabría decirte sobre el primer amor. 
Yo mismo no he sentido pasión tal por una mujer como para expresar semejante cosa.
Lo que sí creo es que no necesariamente tiene que ser el primero. Pero si es el primero y resulta una basofia, resultaría bastante incómodo recordarlo todo el tiempo. Aún así, recordarlo sin evitar las barreras normales de autodefensa y tomando en cuenta que forma parte de la historia personal de uno mismo. 

La cuestión es si es el primero o si se es "el primero" después de muchos encuentros desafortunados. 

Yo mismo no sabría decirte. 
Excepto por el hecho de que el primero fue una niña rubia que conocí en una comida cuando me reunía con la familia de Antoine. Fue algo muy breve, después de que me acusó con sus padres de mi acoso por mi vista fulminante. Acoso, que en mi defensa, nunca ocurrió. 

Antoine va avanzado en la cetrería. 
¡Dios, que pequeño es nuestro mundo! ¡Ahora que lo mencionas, acabo de caer en cuenta que nos hemos reducido a los tres! 
Recuérdame ampliar nuestro número de amistades. Aunque sean únicamente visitantes.

Muy contento,
Alexander

Letter 3

Mi querida Desireé:

Ésta última misiva me ha conmovido muchísimo. ¿Cómo habría alguien de atreverse a engañarte? Desconozco al hombre que se atreva a semejante insulto.
En todo caso, todo hombre infiel es un mal amante. Lo que desencadena en buenos novios aprendiendo de el mal ejemplo de los otros.
Y aún atreviéndose a semejante cosa, no creo que la situación se prolongara lo suficiente.
Así que deberás calmarte y tranquilizarte, pues es seguro que se avecine algo bueno para ti.

Sobre Antoine de Saint Exupery ya sabía de antemano sobre esa situación y si me disgustó con tal medida que arruinó mi desayuno.
Antoine, nuestro Antoine se porta bien, si me preguntas y adelantándome a todas esas cuestiones.
No creo que debas esperar de el un comportamiento digno de un Valmont, ni tampoco lo espero yo de tus invitados, sobre todo de el chiquillo que te acompaña.

Yo estoy bien, contento y bonachón.
Nos hemos atiborrado de comida en esa última posada. Antoine está avergonzadisimo, como ya te imaginarás. Lo que no le evitó comerse casi toda esa bandeja.
Esta noche me quedaré a cuidarlo por si tiene algún malestar estomacal. La noche nos sienta bien en este día. El aroma de el desierto es muy agradable, casi nos envuelve la luz de la noche inmersos en tanta oscuridad. Y la luminiscencia tenue de las lámparas solo ayudan para acrecentar la atmósfera nocturna.

Saludos cordiales,
Alexander

P.D. No olvides escribirme con la misma regularidad. Sí, imaginé que era algo así como una estrella de beisbol. Por el aura deportiva, sin obviar el ala de cuervo malograda.
Mantenme informado sobre su comportamiento y ya te diré mis primeras impresiones.


Letters 2

Deer, dear Alexander:

Te escribo otra carta comentándote ahora sobre Antoine de Saint Exupéry.
Estaba buscando libros en la Biblioteca de la casa cuando dí con El Principito. Quedé bastante conmovida, no tanto como la primera vez que lo leí, pero sí fue bastante significativo darle el libro a mi joven pupilo. No lo agradeció como esperaba. De hecho, creo que ya lo había leído antes y no lo disfruto como alguien mas joven que yo. Aún así, debía comenzar con una lectura sencilla, dados los volúmenes en la casa.
Debo decirte que aparte de el hecho de que es un clásico, ¿cómo pudo esa mujer permitir las infidelidades de su marido?
Creo que en sí, todo ese cotilleo sobre la fidelidad y que tan especial es uno para alguien es lo que resume algo de ese libro. Sin dejar a un lado, la importancia de la infancia, que es de lo que habla el libro en sí.
A veces me pregunto qué piensa Amadeus de mí, ¿será que con tantas indagaciones de su pensamiento sin consultarle me lleven a respuestas muy alejadas de lo que realmente piensa o siente?

Ése muchacho es un misterio y me ha mantenido bastante ocupada descifrando sus apetencias.
Casi como Antoine, pero creo que el no es tan reservado.

Besos, todavía formalmente
Desireé

P.D. Sí, debo confesar que me peturbó que se llamaran igual; el escritor y nuestro querido amigo.
Y sí, también, estuve buscando autores con su nombre. Cómo ya te habrás imaginado.
Imagina también que guiño un ojo.

Letters

Querida Desireé:
Nos retiramos a otra posada cercana. Ésta última en presencia de los cuaqueros ha sido de los mas provechosa. Disculpa que no pueda escribirte mas de lo que generalmente acostumbramos. La diatriba de mi comunicación se ha visto interrumpida por el tiempo y por las actividades a las que me ha pedido Antoine que le acompañe. El se encuentra bien. Como te imaginarás, batallando con las aves.
Solo quisiera que me contaras los detalles cómicos de tu situación de niñera.
No olvides que a pesar de todo cuentas con mi apoyo sincero...
Lo suficiente como para mermar esa situación presente.

Saludos,
Alexander.

Querido Alexander, my dear deer:

Este día hemos aprovechado para tomar el té como acostumbrábamos los tres.
Me ha causado mucha gracia que lo denomines como un párvulo al que tengo que cuidar, en mi postura de mujer mayor, como si fuese alguna jovensita institutriz o algo parecido. Pues bien, el niño se ha portado de lo mas amable con nosotros. Antoine sin embargo me ha atiborrado de los mas absurdos e incoherentes comentarios sobre Amadeus.
Me he dedicado a conversar lo mas que he podido bajo el lenguaje de una autoridad amistosa.
Irving ha prometido visitarnos pronto.
¡Quisiera hablarte tanto de el! ¡Hace siglos que no lo veía!
No es muy alto, de tez blanquísima, de transparencias casi diáfanas. Tiene el cabello negro y un bello rostro. Me gusta el contraste de su cabello y su piel. Es como si presenciaras el ala de un cuervo, excepto por el hecho de que es mucho mas varonil que el periodo gótico, lo que podría asemejar a algo mas bien distinto pero que no puedo expresar verbalmente ni por escrito. Al menos, no todavía.

Me siento bastante complacida aunque no lo suficiente.
Quizás sea mejor así, un aire patafísico le resultaría fatal.
Y en todo caso sería como reemplazarte a ti. Con la ausencia de tus ojos claros.

Besos, muy amistosos,
Desireé

P.D. ¿Sirve la comparación con un jugador de beisbol?


miércoles, 14 de septiembre de 2016

Reflexiones 3

Quizás debería incurrir en algún modo de poesía dónde se aterrice de modo mas inusitado el silencio.
No sé, no comprendo cómo podríamos los tres abogarnos así. Quizás Antoine sea el mas adecuado para explicarnos este mundo de ausencias y desatinos. Ese mundo de imágenes y vibraciones, de rumores y de quejas que terminan por laxarnos en un océano feroz de vida y de naturaleza. Un patrimonio egipcio donde se concibe la vida a partir de las excreciones. No queriendo sonar escatológico después de incursionar en el mundo vienés de Amadeus.
Considero un rotundo fracaso la presencia de el joven prodigio de Desireé, después de mis primeras impresiones. Como quizás ya me haya hecho notar Antoine al respecto. Comienzo a vislumbrar algún que otro malestar en su rostro, en sus gesticulaciones nerviosas pero intactas. Como quien se mantiene en compostura aún ante tanta preocupación acumulada. Quisiera no indagar demasiado sobre esta cuestión y también comprender que la compañía de algo mas inocente no la molestará en lo absoluto ni la inclinará a tomar malas decisiones.
John Dalton quizás pudiera, con su conocimiento mágico y milenario indagar en los espacios de su éter y el de los otros, en su Todo egipcio, en su Todo mente, en su Todo compartido. Podría en los pensamientos y en sus vibraciones circundarlos y caminar entre ellos o sobre ellos y admirar, ver, el tiempo, pasado, presente y futuro. Quizás posarse sobre la balanza o lo que conocemos como el equilibrio de Maat y escuchar la dictaminación de los faraones pasados o volverse uno Mente en sus mas voluptuosos placeres. Esto último lo desconozco. Tampoco sé si yo podría permitirme tal cosa.
Antoine entonces aparecería con su ave de rapiña montada sobre su brazo. ¡La victoria de el hombre sobre la fauna!

El fracaso de Amadeus y su derrota se basan básicamente en los caprichos y apetencias de la juventud. Ya Antoine habrá incursionado de manera menos dolorosa en los debates de L'amour dejando debastada a Desireé por el atrevimiento de mirar. ¡Cuánto daño puede causar una mirada en el tierno corazón de una dama! Ya esto ha sido expresado en la poesía mas cursi. Tan solo la pose de un ojo, la expansión de sus ojos, su iris, las pupilas dilatadas pueden dañar de por vida los afanes románticos de las jóvenes. Un desatino falaz, una galantería a otra sería dar lugar a una decisión terminante.
Peor para mí, bien para ella, la mirada de Antoine no fue otra que una decisión inocente de indagar algo, quizás con un tanto de interés por una situación, mas que romántico.
Yo no he menospreciado la belleza de las féminas, cosa que Desireé se ha encargado de notar y enfatizar su burlona sonrisa. Ya en varias ocasiones me ha preguntado sobre los detalles misteriosos de el varaje masculino y sus conquistas. He tratado de explicarle con sumo cuidado y mantenerla informado de todo cuando me ha pedido. En la medida de la decencia y de la moral de nuestro siglo.
Quizás le compre un nuevo vestido.

Reflexiones 2

Antoine continúa con su práctica de la cetreria.
Quizás debiera comenzar algún deporte de modo que no me vea como alguien endeble en comparación suya. Todo esto me ha parecido como una maquinación de Alá preguntándome siempre que sucedería en los lares de Abraham, sin toda la discusión sobre los territorios de cada quién o cada cual. Casi siempre nos sucede esto cuando andamos en la indagación de un tema y por obra de la mayéutica terminamos por estudiar algo completamente diferente, o no, en lo absoluto. Quizás un tema de interés por supuesto ligado al otro, pero en conflicto por sus situaciones.
¡Cómo se le ha ocurrido a este hombre, mi amigo incurrir en un deporte tan extremo! Cada que veo a esa ave de rapiña no puedo menos que permitir que se me erize todo la piel. Aún a pesar de lo magnífico de todo su plumaje y el porte real con el que surca los cielos.
Desireé me ha escrito sobre retomar sus antiguos intereses. En el desierto uno debiera encontrarse con Dios. Siempre lo he pensado. Vine hasta aquí huyendo de una situación que no pude contemplar y ahora en presencia de Dios y en compañía de mi amigo puedo acercarme a una espiritualidad de la que ya había indagado pero de la que me hacía falta comprender como experiencia mística. Bien conoce uno los parajes de su alma y su exacerbado conocimiento de su mente. Aún leyendo que para llegar a comprenderse uno necesita de un sumo conocimiento y lectura. O bien, la asistencia de algún doctor que dictamine los parámetros o le ayude a uno en la indagación verbal sobre uno mismo, lo que hoy conocemos como psicoanálisis. Desafortunadamente mis miramientos son los de Escher y sería para mí mejor en estos momentos la asistencia de Eagus o bien los pergaminos de Meni, bien conocido como John Dalton.

Reflexiones

Querido diario, testigo de mis mas cruentos pensamientos.
Desireé me ha escrito hace quien sabe cuantos días y han sido por estos días que el correo me ha regresado su respuesta. El Destino ha sido provechoso para mí y no creo tener otra queja análoga a mi personalidad mas que el mismo. He decidido frecuentar los parajes mas profundos de mi alma, si acaso los mas oscuros o desprovistos de luz hasta los mas claros y efusivamente tiernos. En casi todos ellos he encontrado la imágen de Desireé como quien muestra un retazo de felicidad iluminada.
No he sido capaz de hablar con Antoine estos días pues ha dedicado mas al estudio de la cetreria de lo cual me siento irremediablemente desplazado. Sin duda el deporte de aves de rapiña no es lo mío, sin temer por mí mismo. Desireé se reía muchísimo en estos momentos si yo le escribiera sobre mi penosa situación. Por otra parte, no dejando aparte la obvia espiritualidad de mi amigo creo que podría presumir de mi sansara personal estos últimos meses. O quizás, extrapolando un poco, podría llegar a decir que mi suma erudición comienza a preocuparme en cuanto a los terrenos de Dios o D'os, con la ausencia de la i.
Se me han reprochado o alabado algunas de mis habilidades, que quizás considere de un modo mas ecléctico para las destrezas mentales. Esta noche llovió y yo también descargué en un llanto silencioso. Sospecho que Antoine me escuchó de el otro lado de mi cuarto, pero no comentó nada al respecto. Así siempre ha sido. Amaneció nublado, con el cielo gris y el ambiente húmedo. Es casi como si viviéramos en Londres. He echado de menos la casa de campo de Desireé y sus alrededores. Emprendí por supuesto una caminata matinal, lo que me permitió admirar la naturaleza y agradecer infinítamente a Dios, y a el Dios de Spinoza sobre la creación humana. Sin obviar el Universos y sus galaxias.
Me detuve en alguno que otro escritor siendo un tanto cuidadoso con sus reflexiones, de modo que lo que escribieran no afectara soberanamente en mi escritura y en mi sino, siendo un tanto supersticioso. ¡Sospecho que así siempre será cuando se vive durante tanto tiempo en Inglaterra!
Muchos de los que vivimos aquí ya desconocemos parte de las formalidades de el globo terráqueo, de modo que podríamos ser la conformación de un espacio de pensamiento de alguien o el globo de cristal de alguno que otro individuo. De modo que nuestra magia, nuestra alquimia, nos permite huir de las racionalidades comunes a las que se enfrenta cualquier ser humano.
Quisiera poder hablar con Desireé de los terrenos insondables de mi alma, pero dudo que pudiera comprender mas allá de su rostro y de su sonrisa.
Quizás emitiera alguna que otra palabra acompañada de una carcajada sobre mis indagaciones filosóficas para luego retirarse a sus aposentos y a sus estudios personales de los que no me hablará en lo absoluto.
Antoine quizás sea el que la comprende mejor, entre tanto silencio y cada ademán significativo. Como si cada gesto de su cuerpo fuera una palabra o una meditación honda de su naturaleza y de su psiquis.
Como si el cabello recogido y levemente despeinado significase todo un mundo y mas de lo que sus palabras pudiesen expresar. Entre cada cosa y todos mis comentarios irónicos sobre mi desprecio hacia sus nuevos pretendientes puede que ella llegue a descubrir algo, pero quizás no descubra jamás nada.
Puedo llegar a suponer que la cetrería habla mas sobre la naturaleza de Dios o sobre lo que conocemos sobre naturaleza que todo el conocimiento de un libro, pero esto sería únicamente fanfarronear.
Antoine me miraría fijamente y expresaría con suma libertad, con la redondez de su franca sonrisa alguna que otra palabra lacónica pero definitiva, resumiendo en sí todas mis formalidades académicas.

He recibido instrucciones muy detalladas de Desireé para mí sobre la búsqueda de un joven estudiante. Ella ha sido muy específica y no creo que haya ningún inconveniente en que la acompañe alguien ahora que nos encontramos lejos. También creo que la compañía de alguien mas sereno y menos audaz le haga bien. Ha sido suficiente con tanto revoloteo de muchachos en torno a ella, que me he cansado de escribirle con mis mejores intenciones que se aleje de esos hombres tordos. Aunque conociéndola no creo que ella tenga demasiado cuidado alejando los moscones.

Reflexiones

Querido diario, testigo de mis mas cruentos pensamientos.
Desireé me ha escrito hace quien sabe cuantos días y han sido por estos días que el correo me ha regresado su respuesta. El Destino ha sido provechoso para mí y no creo tener otra queja análoga a mi personalidad mas que el mismo. He decidido frecuentar los parajes mas profundos de mi alma, si acaso los mas oscuros o desprovistos de luz hasta los mas claros y efusivamente tiernos. En casi todos ellos he encontrado la imágen de Desireé como quien muestra un retazo de felicidad iluminada.
No he sido capaz de hablar con Antoine estos días pues ha dedicado mas al estudio de la cetreria de lo cual me siento irremediablemente desplazado. Sin duda el deporte de aves de rapiña no es lo mío, sin temer por mí mismo. Desireé se reía muchísimo en estos momentos si yo le escribiera sobre mi penosa situación. Por otra parte, no dejando aparte la obvia espiritualidad de mi amigo creo que podría presumir de mi sansara personal estos últimos meses. O quizás, extrapolando un poco, podría llegar a decir que mi suma erudición comienza a preocuparme en cuanto a los terrenos de Dios o D'os, con la ausencia de la i.
Se me han reprochado o alabado algunas de mis habilidades, que quizás considere de un modo mas ecléctico para las destrezas mentales. Esta noche llovió y yo también descargué en un llanto silencioso. Sospecho que Antoine me escuchó de el otro lado de mi cuarto, pero no comentó nada al respecto. Así siempre ha sido. Amaneció nublado, con el cielo gris y el ambiente húmedo. Es casi como si viviéramos en Londres. He echado de menos la casa de campo de Desireé y sus alrededores. Emprendí por supuesto una caminata matinal, lo que me permitió admirar la naturaleza y agradecer infinítamente a Dios, y a el Dios de Spinoza sobre la creación humana. Sin obviar el Universos y sus galaxias.
Me detuve en alguno que otro escritor siendo un tanto cuidadoso con sus reflexiones, de modo que lo que escribieran no afectara soberanamente en mi escritura y en mi sino, siendo un tanto supersticioso. ¡Sospecho que así siempre será cuando se vive durante tanto tiempo en Inglaterra!
Muchos de los que vivimos aquí ya desconocemos parte de las formalidades de el globo terráqueo, de modo que podríamos ser la conformación de un espacio de pensamiento de alguien o el globo de cristal de alguno que otro individuo. De modo que nuestra magia, nuestra alquimia, nos permite huir de las racionalidades comunes a las que se enfrenta cualquier ser humano.
Quisiera poder hablar con Desireé de los terrenos insondables de mi alma, pero dudo que pudiera comprender mas allá de su rostro y de su sonrisa.
Quizás emitiera alguna que otra palabra acompañada de una carcajada sobre mis indagaciones filosóficas para luego retirarse a sus aposentos y a sus estudios personales de los que no me hablará en lo absoluto.
Antoine quizás sea el que la comprende mejor, entre tanto silencio y cada ademán significativo. Como si cada gesto de su cuerpo fuera una palabra o una meditación honda de su naturaleza y de su psiquis.
Como si el cabello recogido y levemente despeinado significase todo un mundo y mas de lo que sus palabras pudiesen expresar. Entre cada cosa y todos mis comentarios irónicos sobre mi desprecio hacia sus nuevos pretendientes puede que ella llegue a descubrir algo, pero quizás no descubra jamás nada.
Puedo llegar a suponer que la cetrería habla mas sobre la naturaleza de Dios o sobre lo que conocemos sobre naturaleza que todo el conocimiento de un libro, pero esto sería únicamente fanfarronear.
Antoine me miraría fijamente y expresaría con suma libertad, con la redondez de su franca sonrisa alguna que otra palabra lacónica pero definitiva, resumiendo en sí todas mis formalidades académicas.

He recibido instrucciones muy definitivas de Desireé para mí sobre la búsqueda de un joven estudiante. Ella ha sido muy específica y no creo que haya ningún inconveniente en que la acompañe alguien ahora que nos encontramos lejos. También creo que la compañía de alguien mas sereno y menos audaz le haga bien. Ha sido suficiente con tanto revoloteo de muchachos en torno a ella, que me he cansado de escribirle con mis mejores intenciones que se aleje de esos hombres tordos. Aunque conociéndola no creo que ella tenga demasiado cuidado alejando los moscones.

Cartas 2

Deer, dear Alexander:

Mi muy querido Alexander, no tan querido por mí, dada su situación tan lastimosa en responder todas mis cartas. Me encuentro bastante sorprendida por tu fuga inmediata y también un tanto consternada. ¡Que diga un tanto, completamente consternada al respecto!
Cómo te había comentado anteriormente, vino un inglés bonachón a visitarnos a la Casa de campo y se quedó durante un tiempo en sus interiores con la promesa de una buena plática. ¡Resultó insufrible y aburridísimo! como seguramente te imaginarás. ¡O ya me imagino a los dos emitiendo sus efusivos comentarios sobre su distinguida personalidad! Muy cómico panorama, por supuesto.
Está de mas decir que extraño su presencia en este lugar. Las rosas crecen muy bien y el laberinto permanece intacto. Acaso si habrá fallado el jardinero en podarlo uno que otro día, pero nada extraordinario. El otro día me detuve a ver algunos cuadros e imágenes de el Palacio de Versalles y me siento inundada de alegría al comprender lo afortunada que soy de poseer este recinto de tranquilidad.
Le he escrito a Antoine, pero no espero demasiado en cuanto a la longitud de sus letras. Como comprenderemos su expresión verbal en cuanto a mi no ha sido siempre muy extensa. Por lo tanto te escribo a ti, esperando que retomemos nuestras cartas de antaño. ¡Oh, Alexander, si comprendieras cuanto lo echo, los echo de menos! El cuarto de Antoine está intacto. Todo colocado en su debido lugar y el aroma a lavanda permanece por todas partes. He mandado cortar flores para adornar la ventana de su habitación sin falta. También me he ocupado que todo quede plenamente limpio, incluso los rincones mas difíciles. Debes ocuparte bien de su cuidado, bienestar y salud. Conociendo su carácter, debe estar mas ocupado en sus labores diplomáticas que en su cuidado personal. En cuanto a ti te procuro que tengas una estancia agradable. He leído varios libros que me has recomendado y también me he reído muchísimo sobre tus atinados comentarios sobre el inglés, the little brittish gentleman (hombre) que te he platicado.
Ésta semana puede que vengan mas visitas, pero no estoy muy segura de cuantas mas personas vengan a quedarse. He decidido tener listos dos o tres vestidos para la ocasión, el vestido blanco con azul que tanto alabaste y el vestido verde aterciopelado. Creo que ése último es tu favorito, aunque no considero conveniente usarlo mas de la cuenta. Dada mi situación actual comenzaré la incursión de nuevos temas de conversación y quizás un aprendizaje mas detallado de las lenguas.
En cuanto a mis talentos, como le escribí en una de mis cartas de Antoine, creo que consideraré algo diferente, para variar.
Espero que no te enfades.

Besos, muy cordialmente,
Desireé.

P.D. Te aconsejaría no fruncir tanto el ceño y sonreír mas a menudo... (Risas incluidas)

Cartas

Dear Antoine:

Querido Antoine, mi querido muy querido, queridísimo Antoine. Te escribe tu estimada Dessireé, no tan estimada en estos últimos meses de abandono. El visitante inglés se ha marchado en pos de nuevas situaciones, en otras palabras, de aires mas frescos dada mi situación actual de desánimo. Alexander no ha dado muestra alguna de interés por mis efusivas cartas y si acaso ha contestado con muy pocas palabras y siempre con un poco de desdén. Y cuando se lo he reprochado se queja soberanamente sobre mis exigencias y me recuerda lo muy importante que soy para el.
He decidido retomar mi francés y poner en uso mis talentos.
¿Acaso te has tomado la molestia de considerar visitarme, no molestia en absoluto?
De Alexander no espero nada en absoluto más que una docena de cartas y disculpas que el ya se ocupará en atender. ¡Qué raro resulta todo esto! ¡quejándome yo contigo sobre mi tristeza rotunda ahora que te has marchado!
No pido nada mas que tu presencia y la promesa de que estarás muy pronto en el jardín de mi casa en compañía de ese grosero quisquilloso.
Por supuesto me encontrarás radiante.

Besos, formalmente,
Desireé.