La travesía de Mnuen
En medio de el bullicio de la ciudad y la presencia sobrenatural que había acompañado a Jaime antes de comenzar su viaje, Mnuen se detuvo a escribir fúrica después de haber discutido con algunas personas sobre la calidad de su trabajo escrito:
… en realidad no.
Bien podría yo hacer uso provechoso de mi ingenio, si no fuera por el deseo inexistente hacia ello. No considero provechoso valerme de mi labia cuando considero mas sabio hacer uso de mi silencio.
Su mirada centelleó por un instante y cuando hubo apagado su ira decidió abrir una de las cartas de J. Dalton. Sabía que cualquier cosa que el escribiera, incluso la mas absurda la haría sonreír. Aunque lo ocultara y siempre renegara en su presencia de todas sus apasionadas cartas y con la cursilería con la que siempre les adornaba.
Habían cientas de ellas, todas reunidas en hilera, una detrás de otra sobre su cama. Su gato estiró su lomo y sus pupilas persas se dilataron por completo dándole la apariencia alienígena de la realeza egipcia.
…La escritura es el acto de desprendimiento, la desenvoltura de las más discretas como oscuras voluntades...
Mnuen además de contar con un diario personal tenía también otras valiosas posesiones. Conservaba todas las cartas de amor de J. Dalton así como cartas de sus amigos de la infancia, notas de Jaime y recuerdos de su adolescencia como muñecos, globos y los collares de perlas que le regalaban en el Bar Irlandés al que solía ir con sus compañeros de fiesta. El Bar irlandés estaba situado en la zona bohemia de la ciudad.
Generalmente asistían extranjeros de diversas clases sociales que se mezclaban entre sí. Ésta diversidad social les resultaba exótica y provechosa aunque algo difícil de comprender. Con el tiempo aprendió a acostumbrarse a asistir con sus amigos y sin la compañía de sus padres. Su padre era quien generalmente la llevaba a estos sitios, donde solían comer en buenos restaurantes y alimentar a los patos o navegar barcos en el parque.
Sin duda el primer fundamento de todos placeres era el culinario o las salidas familiares en los fines de semana.
Quizás fuera que su rebeldía o su afortunada adolescencia como juventud le permitieran internarse en el Bar Irlandés de un modo bohemio, como los actores o los artistas.
Como quiera que fuera el Bar Irlandés era un buen lugar para ver el futbol y disfrutar de la presencia de los rubios exorbitantes y albinos de los holandeses o cualquier extranjero que se paseara por ahí.
En su habitación contaba con muchos libros y cuadernos de apuntes. De entre todos sus libros se encontraba con un cuaderno de cocina y otro grueso donde tenía escritos todos los hechizos de su infancia.
El avance de sus conocimientos de magia iba de acuerdo con su madurez personal. Había comenzado posiblemente con las supersticiones locales, pasando por un periodo muy ambiguo, el espectro nórdico de los alemanes hasta comprender mejor el mundo de los magos de acuerdo a los estudios ingleses que englobaban la magia mundial y tenían un conocimiento enciclopédico de todo el asunto inconsciente de la magia global. Había estudiado sobre los shamanes, los magos en África y también sobre la magia en Oriente. Lo que le llevó a ser reclutada por las Órdenes de los Hermanos Alquimistas que contaban con dos sedes en Francia y en Inglaterra, invitación que rechazó.
Se decía de ella que había sido la estudiante de Merlín en alguna vida pasada o que era la descendiente de Leonardo Da Vinci quien era descendiente de Jesucristo y Maria Magdalena.
En fin, habían muchos rumores sobre Mnuen que circulaban por todas partes y todos hablaban de ella tanto como una estudiante de magia o algo importante o poderoso. Aunque todo eran especulaciones y no se sabía exactamente mucho sobre ella.
Como temía de las multitudes había preferido alejarse de todo ese bullicio en la soledad de su casa.
Jaime quien era tan curioso como ella nunca le daba problemas con sus estudios ni solía entrometerse en sus asuntos.
Tampoco parecía ser muy consciente de los avances de J. Dalton si no al contrario alimentaba una fructífera amistad con el. Mnuen no sabía si estar feliz o enojada con el. Había tanto desinterés por parte de ambos que era casi ofensivo. Quizás lo que mas le molestaba a ella es que no la pretendiera como la mujer atractiva que era. O simplemente no tuviera un interés en ella solamente por ser una mujer y el un hombre.
Como quiera que sea las aventuras de J. Dalton en algún lugar la incomodaban tanto como su ausencia o el hecho de que Jaime tuviera que partir en pos de nuevas sensaciones.
Quizás era que Jaime no fuese tan sensato como ella o porque el siempre parecía distraerse con cualquier cosa que no fuera ella o el hecho de que Jaime la conocía lo suficiente como para saber que en el momento en el que la pretendiera ella saldría huyendo también.
De todos modos ya estaba lo suficientemente involucrada con J. Dalton como para echarse para atrás o como para permitir algo con alguien que no parecía tener un interés real en ella.
Y sin embargo, con J. Dalton no existía todavía alguna certeza.
Todo esto le causaba dolor de cabeza.
De sus antiguos viajes con J. Dalton conservaba todos sus escritos y al conjunto de todos estos solía llamarle como "Las crónicas de un versado".
Para que los demás no lograran entender sus escritos decidió escribir todo en extraños garabatos como si fuesen las letras de las runas o algo similar. De ese modo únicamente ella podría entender lo que escribía ahí. Casi como si fuese el conocimiento de un Alquimista que únicamente quien ha sido instruido en la filosofía pudiera comprender. Pero, con la excepción de los garabatos, que eran incomprensibles para los demás.
Eran como la caligrafía de un chino o los vocablos de un árabe o las famosas sephirots de los judíos.
Para esconderse Mnuen y J. Dalton habían aprendido el arte de ser cambia formas. O de transformarse uno en el otro. Así cuando le preguntaban a Mnuen si había estado en alguna otra dimensión no hacía otra cosa mas que pensar con complicidad y enfado que era J. Dalton quien se había convertido en ella y había estado haciendo travesuras en su lugar.
Mnuen tampoco tenía ningún problema en tomar su apariencia física y pasearse por ahí como J. Dalton.
...un Dalton considerablemente mas solemne y menos pervertido...
El problema consistía en que a veces olvidaba su magia y tenía muchos problemas cuando en medio de su magia se transformaba en otro tipo o cuando definitivamente no se acordaba en volverse como J. Dalton.
En ocasiones le daba mensajes que le presentaba en forma de imágenes, sensaciones, sabores o sombras que caían o se paseaban por su vista como si fuesen el esqueleto de una célula vista por el microscopio.
Cuando J. Dalton se transformaba en ella solía hacerse llamar como ella o adquiría cualquier otro nombre similar. Casi siempre iba vestido de su característico color verde claro y su cabello se volvía considerablemente mas negro y sus ojos muy verdes o muy negros dependiendo de su estado de ánimo.
Su estatura era ideal y su cuerpo era grácil.
Mnuen sabía que a pesar de que parecía no ser necesario escribirse era un detalle cursi que todavía conservaban los dos. Mnuen escribiendo en su diario sus anotaciones y J. Dalton escribiendo cartas para ella.
Las cartas de J. Dalton siempre discurrían sobre la belleza de sus ojos o la profundidad de su mirada. El fuego en su cabellera rubia ahora enegrecida o el dulce aliento de su boca cuando amanecía.
Abundaban numerosas alegorías a su inteligencia o al oscuro halo de su presencia submarina.
De todos sus vestidos, los que mas amaban los dos era un traje verde de tela suave.
Aunque Mnuen renegara de J. Dalton lo amaba en secreto.
Cuando era una niña había fantaseado con la idea de besarlo.
Sus escritos eran considerados también como poesía por su abundante contenido poético, por la belleza de sus versos que desafiaban con audacia los vocablos de los griegos. También tenía anotaciones sobre sus anagramas, que eran juegos de palabras que consistían en la descomposición de nombres, palabras y en el uso singular de las letras.
Cuando Mnuen leía un verso era como situarse en la posición de la palabra y viajar con ella en el aire.
Mnuen había aprendido de J. Dalton que la música y la poesía poseían en común el sonido que se manifestaba como la melodía de una cimitarra en el Universo. Su voz, sin embargo, era algo muy diferente. Su voz le otorgaba la capacidad creadora de la palabra.
De su padre había obtenido los conocimientos de la teosofía.
De su padre había obtenido los conocimientos de la teosofía.
En su pubertad y adolescencia solía vivir durante las vacaciones de verano en Grecia. Donde disfrutaba de el sol de verano y su fresca brizna.
En Grecia había tomado el nombre de Pascual cobrando la forma de el cuerpo de J. Dalton con su habilidad de cambia formas.
Comenzó a rememorar poemas y situaciones alusivas cuando J. Dalton optó por desvestirla y pasar sus manos por debajo de su pijama.
Comenzó a rememorar poemas y situaciones alusivas cuando J. Dalton optó por desvestirla y pasar sus manos por debajo de su pijama.
Y entonces Mnuen no pensó ni siquiera en cerrar la puerta de su habitación con llave a pesar de que Jaime dormía en la habitación de al lado. O quizás leía un libro. No las narraciones de Mnuen, uno diferente.
Jaime apagó la luz de su cuarto.
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