miércoles, 14 de septiembre de 2016

Reflexiones 3

Quizás debería incurrir en algún modo de poesía dónde se aterrice de modo mas inusitado el silencio.
No sé, no comprendo cómo podríamos los tres abogarnos así. Quizás Antoine sea el mas adecuado para explicarnos este mundo de ausencias y desatinos. Ese mundo de imágenes y vibraciones, de rumores y de quejas que terminan por laxarnos en un océano feroz de vida y de naturaleza. Un patrimonio egipcio donde se concibe la vida a partir de las excreciones. No queriendo sonar escatológico después de incursionar en el mundo vienés de Amadeus.
Considero un rotundo fracaso la presencia de el joven prodigio de Desireé, después de mis primeras impresiones. Como quizás ya me haya hecho notar Antoine al respecto. Comienzo a vislumbrar algún que otro malestar en su rostro, en sus gesticulaciones nerviosas pero intactas. Como quien se mantiene en compostura aún ante tanta preocupación acumulada. Quisiera no indagar demasiado sobre esta cuestión y también comprender que la compañía de algo mas inocente no la molestará en lo absoluto ni la inclinará a tomar malas decisiones.
John Dalton quizás pudiera, con su conocimiento mágico y milenario indagar en los espacios de su éter y el de los otros, en su Todo egipcio, en su Todo mente, en su Todo compartido. Podría en los pensamientos y en sus vibraciones circundarlos y caminar entre ellos o sobre ellos y admirar, ver, el tiempo, pasado, presente y futuro. Quizás posarse sobre la balanza o lo que conocemos como el equilibrio de Maat y escuchar la dictaminación de los faraones pasados o volverse uno Mente en sus mas voluptuosos placeres. Esto último lo desconozco. Tampoco sé si yo podría permitirme tal cosa.
Antoine entonces aparecería con su ave de rapiña montada sobre su brazo. ¡La victoria de el hombre sobre la fauna!

El fracaso de Amadeus y su derrota se basan básicamente en los caprichos y apetencias de la juventud. Ya Antoine habrá incursionado de manera menos dolorosa en los debates de L'amour dejando debastada a Desireé por el atrevimiento de mirar. ¡Cuánto daño puede causar una mirada en el tierno corazón de una dama! Ya esto ha sido expresado en la poesía mas cursi. Tan solo la pose de un ojo, la expansión de sus ojos, su iris, las pupilas dilatadas pueden dañar de por vida los afanes románticos de las jóvenes. Un desatino falaz, una galantería a otra sería dar lugar a una decisión terminante.
Peor para mí, bien para ella, la mirada de Antoine no fue otra que una decisión inocente de indagar algo, quizás con un tanto de interés por una situación, mas que romántico.
Yo no he menospreciado la belleza de las féminas, cosa que Desireé se ha encargado de notar y enfatizar su burlona sonrisa. Ya en varias ocasiones me ha preguntado sobre los detalles misteriosos de el varaje masculino y sus conquistas. He tratado de explicarle con sumo cuidado y mantenerla informado de todo cuando me ha pedido. En la medida de la decencia y de la moral de nuestro siglo.
Quizás le compre un nuevo vestido.

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