miércoles, 14 de septiembre de 2016

Reflexiones 2

Antoine continúa con su práctica de la cetreria.
Quizás debiera comenzar algún deporte de modo que no me vea como alguien endeble en comparación suya. Todo esto me ha parecido como una maquinación de Alá preguntándome siempre que sucedería en los lares de Abraham, sin toda la discusión sobre los territorios de cada quién o cada cual. Casi siempre nos sucede esto cuando andamos en la indagación de un tema y por obra de la mayéutica terminamos por estudiar algo completamente diferente, o no, en lo absoluto. Quizás un tema de interés por supuesto ligado al otro, pero en conflicto por sus situaciones.
¡Cómo se le ha ocurrido a este hombre, mi amigo incurrir en un deporte tan extremo! Cada que veo a esa ave de rapiña no puedo menos que permitir que se me erize todo la piel. Aún a pesar de lo magnífico de todo su plumaje y el porte real con el que surca los cielos.
Desireé me ha escrito sobre retomar sus antiguos intereses. En el desierto uno debiera encontrarse con Dios. Siempre lo he pensado. Vine hasta aquí huyendo de una situación que no pude contemplar y ahora en presencia de Dios y en compañía de mi amigo puedo acercarme a una espiritualidad de la que ya había indagado pero de la que me hacía falta comprender como experiencia mística. Bien conoce uno los parajes de su alma y su exacerbado conocimiento de su mente. Aún leyendo que para llegar a comprenderse uno necesita de un sumo conocimiento y lectura. O bien, la asistencia de algún doctor que dictamine los parámetros o le ayude a uno en la indagación verbal sobre uno mismo, lo que hoy conocemos como psicoanálisis. Desafortunadamente mis miramientos son los de Escher y sería para mí mejor en estos momentos la asistencia de Eagus o bien los pergaminos de Meni, bien conocido como John Dalton.

No hay comentarios:

Publicar un comentario