Querido diario, testigo de mis mas cruentos pensamientos.
Desireé me ha escrito hace quien sabe cuantos días y han sido por estos días que el correo me ha regresado su respuesta. El Destino ha sido provechoso para mí y no creo tener otra queja análoga a mi personalidad mas que el mismo. He decidido frecuentar los parajes mas profundos de mi alma, si acaso los mas oscuros o desprovistos de luz hasta los mas claros y efusivamente tiernos. En casi todos ellos he encontrado la imágen de Desireé como quien muestra un retazo de felicidad iluminada.
No he sido capaz de hablar con Antoine estos días pues ha dedicado mas al estudio de la cetreria de lo cual me siento irremediablemente desplazado. Sin duda el deporte de aves de rapiña no es lo mío, sin temer por mí mismo. Desireé se reía muchísimo en estos momentos si yo le escribiera sobre mi penosa situación. Por otra parte, no dejando aparte la obvia espiritualidad de mi amigo creo que podría presumir de mi sansara personal estos últimos meses. O quizás, extrapolando un poco, podría llegar a decir que mi suma erudición comienza a preocuparme en cuanto a los terrenos de Dios o D'os, con la ausencia de la i.
Se me han reprochado o alabado algunas de mis habilidades, que quizás considere de un modo mas ecléctico para las destrezas mentales. Esta noche llovió y yo también descargué en un llanto silencioso. Sospecho que Antoine me escuchó de el otro lado de mi cuarto, pero no comentó nada al respecto. Así siempre ha sido. Amaneció nublado, con el cielo gris y el ambiente húmedo. Es casi como si viviéramos en Londres. He echado de menos la casa de campo de Desireé y sus alrededores. Emprendí por supuesto una caminata matinal, lo que me permitió admirar la naturaleza y agradecer infinítamente a Dios, y a el Dios de Spinoza sobre la creación humana. Sin obviar el Universos y sus galaxias.
Me detuve en alguno que otro escritor siendo un tanto cuidadoso con sus reflexiones, de modo que lo que escribieran no afectara soberanamente en mi escritura y en mi sino, siendo un tanto supersticioso. ¡Sospecho que así siempre será cuando se vive durante tanto tiempo en Inglaterra!
Muchos de los que vivimos aquí ya desconocemos parte de las formalidades de el globo terráqueo, de modo que podríamos ser la conformación de un espacio de pensamiento de alguien o el globo de cristal de alguno que otro individuo. De modo que nuestra magia, nuestra alquimia, nos permite huir de las racionalidades comunes a las que se enfrenta cualquier ser humano.
Quisiera poder hablar con Desireé de los terrenos insondables de mi alma, pero dudo que pudiera comprender mas allá de su rostro y de su sonrisa.
Quizás emitiera alguna que otra palabra acompañada de una carcajada sobre mis indagaciones filosóficas para luego retirarse a sus aposentos y a sus estudios personales de los que no me hablará en lo absoluto.
Antoine quizás sea el que la comprende mejor, entre tanto silencio y cada ademán significativo. Como si cada gesto de su cuerpo fuera una palabra o una meditación honda de su naturaleza y de su psiquis.
Como si el cabello recogido y levemente despeinado significase todo un mundo y mas de lo que sus palabras pudiesen expresar. Entre cada cosa y todos mis comentarios irónicos sobre mi desprecio hacia sus nuevos pretendientes puede que ella llegue a descubrir algo, pero quizás no descubra jamás nada.
Puedo llegar a suponer que la cetrería habla mas sobre la naturaleza de Dios o sobre lo que conocemos sobre naturaleza que todo el conocimiento de un libro, pero esto sería únicamente fanfarronear.
Antoine me miraría fijamente y expresaría con suma libertad, con la redondez de su franca sonrisa alguna que otra palabra lacónica pero definitiva, resumiendo en sí todas mis formalidades académicas.
He recibido instrucciones muy detalladas de Desireé para mí sobre la búsqueda de un joven estudiante. Ella ha sido muy específica y no creo que haya ningún inconveniente en que la acompañe alguien ahora que nos encontramos lejos. También creo que la compañía de alguien mas sereno y menos audaz le haga bien. Ha sido suficiente con tanto revoloteo de muchachos en torno a ella, que me he cansado de escribirle con mis mejores intenciones que se aleje de esos hombres tordos. Aunque conociéndola no creo que ella tenga demasiado cuidado alejando los moscones.
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