martes, 9 de agosto de 2016

Desvaríos

Tus ojos enormes y bien abiertos que me miran con reposo, con la calma de un asceta, y yo que acaricio tu cabello opaco, tus cabellos blancos, poblados por la amargura de tus años, de tu experiencia. Ésa noche parece que has derramado algunas lágrimas, y en mis brazos ocupas el tamaño de un hombre, liviano, seco, etéreo. Tienes los ojos azules, metálicos como la tormenta, y en tu semblante sereno se distingue la severidad del rayo ante mis palabras. Miro tu rostro, el rostro de todos los hombres que no amaré, miro tu rostro, el rostro del principio y el rostro de la entrega. Miro tu rostro, el rostro de el amor, el rostro de el ágape, el rostro de la muerte. Miro tu rostro, el rostro de Cristo, el rostro de mi padre, el rostro de mi esposo.


Ésa noche me has hablado de aquello, y yo lo he rehusado. He rehusado, y mi negativa ha sido el comienzo de todos los desenlaces. Mis manos están desnudas, vos lo sabes, y vuelves. Vuelves a mí, con los brazos cargados de hijos. Ésa noche fungirás de dioses, beberé de ti, ante tu cabeza, el rostro intacto. ¿Porqué habría de necesitar artilugios, en estas mis manos, cuando ya lo has Iniciado todo? El sello como una estampa. Y la memoria.

Tus ojos enormes y bien abiertos que me miran con reposo, con la calma de un ascta, y yo que acaricio tus cabellos antes rubios ya opacos, ahora mis cabellos blancos, traslúcidos como la visión de la nieve. De ti he aprendido la amargura de tus años, y en mí se ha transfigurado tu experiencia.
Ésa noche cuando has derramado algunas lágrimas, tendido sobre mis brazos ocupabas el tamaño de un hombre, liviano, seco, marchito, etéreo.
Tienes los ojos azules, metálicos como la tormenta, y en tu semblante sereno se distingue la severidad de un anciano, la inclemencia del trueno ante mis viejas palabras. Miro tu rostro, tienes el rostro de el sacrificio de otros hombres, miro tu rostro, el rostro de el principio, y el rostro de la entrega. Encuentro tu rostro, el rostro del amor, y el rostro de la muerte. En tu rostro se halla el rostro de Cristo, la semejanza de mi padre, y la semblanza de mi esposo.
Ésa noche me has hablado de aquello, y yo lo he rehusado. He rehusado y mi negativa ha sido el comienzo de todos los desenlaces. Mis manos estan desnudas, vos lo sabes, y vuelves. Vuelves a mí, con mis brazos, nuestros brazos cargados de hijos. Ésa noche fungirás de dioses, y beberé de ti, ante tu cabeza, el rostro intacto. ¿Porque habriá de necesitar artilugios, en estas mis manos, cuando ya lo has Iniciado todo? El sello como una estampa. Y la memoria.

¿Cómo habrían de perpetuarte aquellas, ante quienes apareces aseado, alto e imponente? Yo te miro en la oscuridad, demonoave, maldito, colérico y triste.
Podrás sonreír cien veces en la bohemía, pero no ocultarás ante mí tu nombre, ni la invocación de un ángel. Tu presencia es el espejo de todos los hombres: ´allá donde el tiempo es un recuerdo y la nostalgia una artimaña de la encarnación posada´.

El conocimiento es la semilla del amor.
Aunque nos separáramos para siempre seguiríamos siendo juntos-separados.
Mas allá de tus encantos, tu sombra, tu rostro.

Más allá de nosotros mismos, ¿podrías perdonar a mi hijo?.


Él, ha aparecido frente a mí. Tiene el aspecto aseado, alto, imponente.

Manuel escribe:



...Siempre te llevarás mejor con la existencia de lo que yo pueda llevarme jamás. Delirarías si supieras que refulges inmaculado en todos y en cada uno de mis pensamientos, de mis dudas y de mis certezas. Aunque nos separáramos para siempre seguiríamos siendo juntos-separados. Yo soy todas tú-tú eres todos mi. ¿Qué se puede decir contra la Ley si la Ley es el yeLmo de Cristo? A expensas de mi socarronería, de tu aureola coronaria, te amo como amo la vida mucho más allá de la existencia; allá donde el tiempo es un recuerdo y la nostalgia una artimaña de la encarnación posada. ¡Si aniquilaría el Universo entero y verdadero sólo por que tú fueras el Rey! El mundo me trastorna y hoy, es el espíritu insepulto del viejo Dioniso el que me posee y me seduce para seducirte. ¿Cómo podrías dejar de sentirme si después de aquí y antes de allá fuimos Una misma cosa?

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