Pienso en mi ángel, en mi pequeño que me acompaña siempre, y que casi siempre juega y ríe como un niño de condición hermosa, casi perfecta, como ésa criatura mitopoética que es por el simple detalle ser. Y existe porque yo lo deseo así, y por que pienso en mí misma que mi propio angel también así lo quiso. Y veo devenír la noche, mientras juega con los rizos de su pelo, y su cuerpo gracioso se agota para luego recuperar nuevas fuerzas recordándome mis años y lo poco que queda de éste hoy, y las horas que faltan para que el sol anuncie su llegada con los primeros albores del día.
Ése niño concienzudo e inquieto que aparece siempre frente a mí expectante de novedades. Mi niño casi nínfulo, bondadoso y amable de formas impecables como exquisitas. Cuantas veces me has acompañado, y cuantas veces más me he deleitado imaginándole, apretando con una rosa vuestro pecho en muestra de un afecto irresistible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario