¿Son los ángeles o el amor el principio de la belleza?
Criaturas etéreas, que han perdido su voz o que la han extraviado en su retorno a las constelaciones donde observan y estudian cuidadosamente la naturaleza de quienes descansan plácidamente cuando sus cuerpos gravitan.
Mi braña es verde, ávida de vida, se extienden sus tierras y sus fronteras lindan con el mar. Mi braña es soleada, alegre y nunca falta el buen beber; por las noches cuando la felicidad nos embriaga, ni la leche o la dulce miel por las mañanas cuando el sol despunta sus primeros rayos y sé que amanece, y tengo la certeza de que en el momento hay vida perpetua. En mi braña existe un sauce fausto, desfasado pero solemne: ¿lo reconoces? donde eliges en ocasiones a leer, recostándote a la sombra de sus hojas de esmeralda sobre la hierba fresca que entibia tus pies. Y la leche sabe a dulce delicia y el pan es proveniente del maná. Nuestro árbol nos cuenta sobre misterios ó leyes antiguas, relatos fantásticos y de su tronco se produce la creatividad y de sus raíces se alimentan el talle de las flores.
¿Reconoces acaso, los grabados cuneiformes?
Se encienden las primeras luces,
que lejanas en el cielo parpadean para mí para vos que te sujetas ingrávido y detienes tu rostro sobre mi pecho.
Mi respirar es sereno mientras te admiro en la penumbra, y sé que las estrellas te otorgan otra luz cuando me permiten mirarte.
Y sé que he soñado cuantiosas veces con el vapor de tu aliento ó el calor de tus brazos.
Comienzan los primeros retruécanos graciosos, descansas en mí tu frente de mimbre
Pienso en mi ángel, en mi pequeño que me acompaña siempre, y que casi siempre juega y ríe como un niño de condición hermosa, casi perfecta, como ésa criatura mitopoética que es por el simple detalle ser. Y existe porque yo lo deseo así, y por que pienso en mí misma que mi propio angel también así lo quiso. Y veo devenír la noche, mientras juega con los rizos de su pelo, y su cuerpo gracioso se agota para luego recuperar nuevas fuerzas recordándome mis años y lo poco que queda de éste hoy, y las horas que faltan para que el sol anuncie su llegada con los primeros albores del día.Ése niño concienzudo e inquieto que aparece siempre frente a mí expectante de novedades. Mi niño casi nínfulo, bondadoso y amable de formas impecables como exquisitas. Cuantas veces me has acompañado, y cuantas veces más me he deleitado imaginándole, apretando con una rosa vuestro pecho en muestra de un afecto irresistible.
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